lunes, 29 de septiembre de 2014

Ciudad Oenegeizada

Un martes del pasado junio se juntaron en Cartagena de Indias Bill Clinton, el ex primer ministro británico Tony Blair, Felipe González, Fernando Henrique Cardoso (Brasil) y Ricardo Lagos (Chile). No fue casualidad el escenario ni coincidencia el encuentro. Los había juntado allí el  presidente colombiano Juan Manuel Santos con la idea de relanzar la llamada Tercera Vía como alternativa al neoliberalismo y el conservadurismo. Pero no han sido los únicos líderes carismáticos que han llegado a la ciudad amurallada porque Cartagena es urbe escaparate, sitio ideal para acoger cumbres, congresos, seminarios, bodas, rodajes de películas y proyectos de desarrollo.
Todos los sábados del año, cientos de parejas de toda América acuden allí para casarse. Es un referente para todas las clases sociales. Las iglesias tienen cubierta las horas de la tarde. La de San Pedro Claver, la de Santo Toribio, la de Santo Domingo, la del Convento de la Popa, la Catedral de Santa Catalina de Alejandría, la de las Mercedes, la de la Trinidad en Getsemaní… ninguna tiene hueco entre las cuatro de la tarde y las diez de la noche. Hay ceremonias humildes, exclusivas, rocambolescas, hippies, sencillas, musicales, barrocas. Cartagena es un lugar de casamiento, un sueño de novias y de novios, el reclamo turístico.
El rutilante Palacio de Convenciones, al lado del centro histórico, sobre la Bahía de las Ánimas, ha acogido desde su apertura en 1982, la XXII Asamblea General del BID, la Cumbre del G8, la XVII Asamblea General de la Organización Mundial de Turismo OMT o la VI Cumbre de las Américas. También tiene overbooking.
La inmensa trama de barrios de la ciudad, que suponen más del 90 % de la superficie igualmente recibe visitantes ilustres. En ellos cada día desembarca una ONG. La mayoría pertenece al estrato 1. Eso significa desplazamiento, marginación, umbral de miseria, violencia, carencia de servicios y posibilidades cero de una vida digna. Son Nariño, Loma Fresca, Pablo VI, Nelson Mandela, Boston, Amberes, Las Lomas, Juan XXIII, Tesca, Líbano, Palestina o La Maria, por nombrar solo a un puñado.

La ciudad de Cartagena de Indias es una región muy vasta y está dividida en numerosos barrios clasificados según indicio de calidad de vida de 1 a 6, como en toda Colombia. Así, un estrato 1 es un lugar con las condiciones de vida muy difíciles, de supervivencia. Barrios bajos aunque estén algunos en las laderas y las alturas, sitios muy desaconsejado para los visitantes, lo avisan tanto las guías de turismo como buena parte de los cartageneros. “Podría vivir ciertas situaciones problemáticas”, oye decir el viajero.
Boca Grande
Centro histórico, dentro de la muralla


En Cartagena de Indias hay muchas Cartagenas

Fotografía realizada por Eyder, niño de Boston, uno de los barrios cartageneros.

Así que es ideal caldo de cultivo de Fundaciones internacionales, locales, nacionales, religiosas, sin ánimo de lucro, con ánimo, auspiciadas por estudiantes, por señoras ricas, por esposas desocupadas de altos cargos, por músicos, por artistas. A poco que uno se fije podría comprobar todo el mundo tiene un proyecto que mover en un barrio de Cartagena, toda ONG tiene allí un sitio. Unos lavan la cara, otros se hacen una fotografía con los niños desamparados y se van, otros se quedan, otros no quieren ir ni quedarse. Los hay con buenas intenciones y mucho desconocimiento, los hay que se aprovechan.
Al aeropuerto Internacional Rafael Núñez de Cartagena llegan cada día gente con cientos de buenos propósitos, falsos o verdaderos. Antes de aterrizar pueden ver desde la ventanilla del avión la miseria y carencias de todos esos barrios marginados, llenos de desplazados por la violencia, abandonados de la mano de Dios y de las autoridades.
Los visitantes se van pronto, asombrados, sensibilizados o tranquilos, como los mandatarios de la tercera vía, como los recién casados, como los turistas. No está comprobado que regresen, tampoco que hagan examen si su visita sirvió de algo. Cartagena tiene eso, que embruja, que es ciudad presumida, de paso; que son muchas Cartagenas.
Muchas de las organizaciones van con un mapa, un sueño y un power point en su maletín. Con más o menos creatividad se puede leer un encabezamiento que reza ‘Mapa de procesos estratégicos fundación X’. Luego: ‘Planeación, gestión de recursos, alianzas interinstitucionales’. Debajo: ‘Salud, educación, infraestructura, generación de ingresos’. Más abajo: ‘Gestión del proyecto’. Después: ‘Gestión contable, apropiación de Tics y comunicaciones’. Al lado:  ‘Gestión administrativa, márquetin y comunicación, compras e inventarios’. Al margen, en otro color y señalados por flechas, los sujetos sobres los que actuar: ‘Niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos y personas mayores’. Es común que haya otras flechas que indiquen: ‘Objetivo social, misión y visión, valores y ubicación’.
Tal organigrama se calca, apenas cambiando el diseño, en multitud de ONG’s, fundaciones y proyectos. También se repite la ceremonia: quien aterriza con un proyecto de desarrollo para uno de los barrios o uno de los sectores marginados de la población se aloja, salvo honrosas excepciones, en la ciudad amurallada, o como mucho en Getsemaní. Luego visitan el escenario temprano y se entrevistan con los líderes, pasean por las calles polvorientas, se hacen la foto y regresan antes de que oscurezca, a las seis de la tarde.
Se puede contar un proyecto de desarrollo en cada barrio, en cada calle. Los niños músicos, la cartografía de la violencia, fotografiar mi barrio, los tambores de la Boquilla, niñas y madres, víctimas y victimarios…son algunas de las propuesta en marcha. Unas buenas, otras dudosas. En todas hay un presupuesto insuficiente que hay que administrar, que se puede quedar por el camino.
Hay dos barrios que están en guerra, Palestina y Pablo Sexto, y son sus mujeres quienes han pedido un proceso de paz. Hay peleas de pandillas, de líderes, por el espacio, por las chicas, por los límites de la calle que los separa, por los negocios. Una ONG ha iniciado un plan global, pero solo apoya. Son las mujeres quienes toman las decisiones. Es el barrio quien maneja el proyecto. Han empezado organizando competiciones deportivas. Y parece que el deporte une, ocupa el tiempo, desgasta energías, da la oportunidad de celebrar, de mezclar. Pero como dice la socióloga Alejandra Coy, cualquier proyecto debe partir de ellos, desde ellos. Así lo quieren las mujeres de Palestina y Pablo Sexto.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

La reforma de Montoro

Este es el dibujo de lo que dijo el ministro Montoro el 18 de septiembre en el Congreso de los Diputados para explicar su reforma fiscal.
Como si fuera un cuadro, en este caso de palabras, se puede contar lo que expresó, lo que ocultó, lo que repitió, lo que olvidó o lo que pasó por alto.
 Las nubes de palabras indican cual de ellas se usa más y cual menos, donde llueve sobre mojado y qué se ignora.
Prometo contar la interpretación que se le da a esta tormenta en el bar de Betty. Lo están analizando con cuidado.




domingo, 14 de septiembre de 2014

La cena tormentosa de José Bono

El texto de Bono en el País  del 14.09.2014 tiene la siguiente forma:


























Así se ve de lo que habla el político socialista y ex presidente de Castilla La Mancha. Y estas son las palabras, los nombres y los conceptos que más repite en su artículo.





sábado, 6 de septiembre de 2014

Ruta 20


Esa línea no existe pero es la que daba servicio cada dia a los habitantes de la Boquilla. Como no está, el viajero ni la ha hecho ni la ha comprobado, se trata de una historia que le contaron. Así que no puede ser una crónica. Ni postátil ni portátil. Se acerca al cuento real porque la fuente es fiable, el relato es interesante;  tiene información relevante, su interpretación tiene sentido y además es bienintencionada. Pero le faltan elementos claves para llegar a ser crónica: ni está reporteada por el autor ni el autor estuvo allí. Tampoco se hace un relato de un  tiempo determinado. Apenas se tiene noticia de que pasó. De modo que no llega a crónica, aunque en alguno de los afamados cronistas de América Latina, ciertos gallitos con nombre, presumidos de los suyo, crean que en una crónica con que haya estilo ya es suficiente. No, ¿y el compromiso? ¿Y la búsqueda obsesiva de la verdad? Kapuscinski habría corrido a gorrazos a los que sólo miran el estilo.
El caso es que la inexiste ruta 20 realizaba el trayecto entre Cartagena y la Boquilla. Es decir, sin ser legal, sin estar reconocida oficialmente, entraba en el poblado de desplazados, junto a la playa, y los llevaba a Cartagena de Indias al mercado, al trabajo, de paseo, de visita o para que en la ciudad turística se buscasen la vida.
Fue cosa de la sensibilidad, el avispamiento o sentido común del conductor de la destartalada buceta. Los viajeros pagaban aproximadamente su recorrido. Es decir, el que no tenía o no podía, se ve claramente quien no puede, viajaba igual. Y el renqueante vehículo recorría los barrios miserables del asentamiento. Hasta que el ayuntamiento puso una línea oficial y lo complicó todo. El billete era mas caro, el torno instalado no discriminaba pobres de ricos y el que no tenia plata, no subía. Tampoco el nuevo autobús recorría todo el asentamiento, sino una línea paralela a la carretera. Y claro, quedó prohibida la llegada de la buceta ilegal.
Los vecinos se quejaron del mal servicio oficial y del despido inmisericorde del generoso conductor que hacia bien su trabajo. Amenazaron con dos medidas: no dejar pasar el autobús oficial o simplemente quemarlo. No hicieron ni una cosa ni otra, pero lo dejaron dañado e inservible.

 Ahora no hay ruta 20. Antes tampoco, pero tenían el servicio.

sábado, 30 de agosto de 2014

Comediantes


Noche de teatro, el mejor remate para las fiestas. Desde Bogajo a Peralejos, poco más de veinte kilómetros, una propuesta irrechazable. Lo dijo Tere, esta noche vamos a Peralejos, hay teatro, ¿te vienes?
A cualquier cosa que hubiera propuesto Tere el viajero hubiera dicho que si. De modo que a las nueve salieron para llegar a Peralejos con tiempo, que la función daba comienzo a las diez. El local, amplio y en pleno griterío, estaba atestado pero por alguna razón había unas sillas reservadas en las primeras filas. No fue misterio, una de las que actuaba era prima de Tere. Ambiente festivo de cierta resaca dichosa. Acababan las fiestas del lugar pero habían tenido como estrellas a las Azúcar Moreno. Palabras mayores, dijo un señor mayor con la boina en la coronilla cuando contaba la novedad. Un cartel que se tardará en olvidar.
El alcalde también forma parte del grupo de teatro, es el impulsor, el sostenedor, el animador y uno de los miembros más entusiastas. Tomó la palabra en el escenario, para presentar a sus compañeros presentes; los de la compañía a un lado y los de la alcaldía al otro. Es decir, los actores aficionados y los concejales. Pidió un aplauso para los comediantes y dio las gracias al pueblo por el apoyo a cuanta iniciativa festiva se había producido. Y por las Azucar Moreno, dijo otro señor con la boina también en la coronilla, un poco más ladeada que la del anterior.
Hizo también uso de la palabra antes de empezar la función el miembro más veterano del grupo. Un hombre de edad avanzada, de voz potente que recordaba al Fernando Fernán Gómez cuando declamaba aquello de “Señoriítooo” en El viaje a ninguna parte. La misma postura, parecida entonación: Idéntico entusiasmo por las tablas. El veterano actor de Peralejos, que luego resultó ser guardia civil retirado y familia de alfareros, improvisó un discurso que posiblemente llevaba bien preparado. En él cantó al arte de Talía para aplaudir la comedia como el mas noble arte del teatro. Se dio un paseo por los griegos, pasó por el minotauro de Creta y llegó a los infiernos de Dante. Todo para demostrar la importancia, trascendencia y antigüedad de la comedia. Perdió un poco el hilo de su discurso, seguramente porque quiso acortarlo, pero nadie se enteró. Fue muy aplaudido, sobre todo porque el salón de actos atestado, achicharrado por el calor humano y el del ambiente de agosto, quería que empezara la función.
La función comenzó y los seis miembros que forman la compañía se defendieron con dignidad. Todos recordaban a Fernán Gómez porque han aprendido a impostar la voz  para elevarla y que se oiga en las últimas filas. A todos se les oyó, se les entendió y se les aplaudió. Todos arrancaron carcajadas entre un público entregado, dispuesto a que alguien les hiciera reír. La compañía estrenaba obra, como hace cada año en las fiestas desde hace catorce años. Durante el curso, en teoría el invierno, aunque las ocupaciones de unos y de otros retrasan ensayos y decisiones, van preparando la función del día de las fiestas. Luego, tras el estreno, hacen una cierta tourneé por los pueblos de alrededor, no muchos, que no es fácil disponer de fechas libres y cada uno de los comediantes tiene otras obligaciones.
Suelen elegir una obra fácil, digerible, de no demasiada duración y sobre todo cómica. Tienen comprobado que su público lo que más agradece es la comedia. De modo que la acción se desarrollaba en la sala de espera de un médico dentista: la enfermera que va mandando pasar, el señor que acude sin cita previa, el parlanchín que a todos cuenta su vida y dos consuegros que se detestan y coinciden en lugar tan disparatado. Situaciones reconocibles, juegos de palabras, chistes un poco gruesos, el temor al sacamuelas...Parecían la ecuación ideal. Golpes de efecto bien medidos y si no bien impostados por los actores aficionados que ya demuestran tablas en el escenario. Niños, jóvenes, adultos y viejos disfrutaron. El descanso apenas dura cinco minutos para improvisar otra pieza distinta que, como transcurre en la consulta de un médico, papel representado por el alcalde, parece la continuación de la anterior.
No lo es pero tiene perecidos efectos: risas, situaciones de malentendidos y contento de los espectadores. Una de las actrices, la prima de Tere, explicaría que en realidad su papel no debería ser de vieja, pero bueno, que se empeñó el alcalde.
Lo que hacen en Peralejos lo hacían en muchos pueblos de Castilla hace años: comedias. El ocio y la diversión pasando por el teatro. Las largas noches de invierno dedicadas a preparar la función del verano. Entusiasmo y mérito y afición por parte de un grupo de escogidos: tres amas de casas, un alcalde, un jubilado y un agricultor que fueron pioneros y ahora son  reserva cultural.
Una reserva también presente en muchos barrios de las ciudades, donde quedan grupos de aficionados que se empeñan en hacer teatro. Se trata de un circuito de ocio que merece la pena descubrir y apoyar

miércoles, 27 de agosto de 2014

Premio García Márquez, un atracón


Como colofón a su periplo colombiano, el viajero recibe un inesperado recado-propuesta-encargo: ser jurado de segunda ronda del premio García Márquez de periodismo. Tras moverse por Cartagena de Indias y algo por el país, luego de observar, de mirar, de escuchar, de intentar entender, de hacer amigos, le llega semejante honor. Es como el cierre perfecto, inesperado, a tres meses de aventura vital.
No puede decir que no porque en la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) lo han tratado muy bien. Ahí ha aprendido, ahí ha entendido. Así que no duda en decir que sí. Al mismo tiempo piensa que esa operación de evaluar los trabajos que se han presentado a tan alto premio le a va dar la oportunidad de leer lo que se escribe en el mundo de habla hispana, conocer lo que importa, ver qué se publica, qué interesa. En suma, comprobar en qué se ocupan los periodistas y escritores.
La FNPI es lo que se inventó García Márquez para fomentar el periodismo de calidad, un proyecto educativo internacional enfocado a la reflexión, los debates, la experimentación y la investigación. Tuvo el Nobel colombiano una preocupación y un sueño. La inquietud tenía que ver con la deriva que iba tomando el periodismo, alejado del rigor, de la comprobación, de la buena escritura, preocupados los medios solo por las prisas, por llegar primero, por la tecnología. Le dolía que el mejor oficio del mundo se estuviera desmoronando. Y la visión fue elegir a los mejores periodistas, los más vocacionales, los más prometedores, y prepararlos con la ayuda de maestros de prestigio. Es decir, soñó: ¿y si seleccionamos a un grupo pequeño de buenos periodistas jóvenes, los reunimos en un taller y los juntamos con un maestro reputado que les enseña lo que sabe? Esa fantasía se puso en marcha en 1995, hace casi veinte años, y por la Fundación han pasado ya cientos de periodistas y decenas de maestros. Los primeros son hoy la vanguardia del periodismo, hay incluso pulitzers, los segundos siguen siendo los más grandes. Los nombres de los que estamos hablando, mezclados, son el propio García Márquez,  Tomas Eloy Martinez, Ryszard Kapuscinski, Jean Francois Fogel, Jon Lee Anderson, Alberto Salcedo, Cristian Alarcón, Carol Pires, Laia Guerriero, Juanita León, Patricia Nieto, Álvaro Sierra, Miguel Ángel Bastenier, Martin Caparrón, Alejandra Xanic von Bertrab, Juan Villoro, Marcela Turati, Silvana Paternostro.. por no hacer la lista más larga.
La fantasía de Gabo lleva dos décadas enseñando calidad, revelando nombres de impacto e impulsando redes entre los periodistas. Hoy la FNPI es un referente mundial en los estudios y la investigación sobre periodismo. Sus talleres, basados en la investigación, en la tertulia creativa, en la ética y en la buena narración, son deseados y buscados. Es el mejor master para un periodista iberoamericano, un excelente escaparate, la más grande experiencia. Pero el sueño se hizo realidad y creció. Hoy, además de los talleres, la FNPI organiza seminarios y encuentros, y tiene publicaciones, y convoca el premio García Márquez para elegir los mejores trabajos de cada año. El más importante galardón para incentivar la búsqueda de la excelencia, la innovación, la coherencia y la ética por parte de periodistas y medios que publiquen en las lenguas española y portuguesa en América y la península Ibérica
De manera que no es que no pueda negarse, es que es un honor contribuir a seleccionar los mejores trabajos, ayudar a decidir quien se lleva los treinta millones de pesos colombianos, como 15.000 dólares, y el prestigio que supone el galardón que lleva el nombre de Gabriel García Márquez. El viajero ha tenido la suerte de pasar tres meses completos en la sede de la FNPI, en la calle San Juan de Dios, en el centro de Cartagena de Indias. Le han prestado un despachito, han puesto a su disposición los archivos, su magnífica biblioteca de más de dos mil títulos de periodismo; han dejado que sea su sombra, que husmee lo que hacen, que acuda a algunas de sus reuniones, que asista a sus talleres. Le han abierto las puertas de par en par y lo han acogido.
Lo recibió con los brazos abiertos Jaime Abello Banfi, el director general, el alma de la FNPI, el jefe de la orquesta, el hombre que eligió Gabo para hacer posible su sueño. Jaime Abello tiene la Fundación, los talleres, los alumnos, los maestros y los aliados en la cabeza. Es parte de la historia. Vive entre Barranquilla, Cartagena y la sala de espera de los aeropuertos del mundo. Practica lo que dijo Gabo: "no basta con ser el mejor, sino que se sepa". Así que se encarga de que se sepa en todos los sitios del mundo, igual en la ONU que en Medellín, en Cartagena que en Paris, en México que en Madrid. Puede negociar un patrocinio para uno de los talleres o el premio, pensar en un nuevo maestro, atender una propuesta de colaboración con el Banco Mundial y al  mismo tiempo interesarse por si el viajero esta cómodo. Y la 'cheveridad' de Jaime Abello se contagia a su segundo, Ricardo Corredor, que también viaja por el mundo, organiza, y se ocupa del invitado,  y a todos los demás. Carlos, Cesar, Jesica, Paola, Natalia, Estefany, Teresita, Ana Teresa, Melisa, Delsy, el hermano del Nobel, Jaime, el otro Jaime,  Yameli, Nilson, Alex:  El equipo amable y eficaz.  (Alguno de ellos en la foto)

Lo acogieron, se dejaron estudiar, soportaron que alguien fuera su sombra durante tres meses, contestaron a las preguntas, siempre cordiales... Cómo no iba a aceptar ser jurado del Premio García Márquez. No obstante el viajero tuvo un momento de vértigo, cuando supo que tendría que leer, no unos cien trabajos, como le dijeron en un principio, sino casi 140. Exactamente 139.
Y sí, se ha enterado de lo que se publica hoy, de las historias que se repiten, de los asuntos que importan. Ha leído trabajos sobresalientes, impresionantes. Los hay de gran nivel. Y los hay que son buenos como temática, o como investigación, o como literatura, u originales de enfoque,  pero les falta alguna cualidad para llegar a la excelencia. Pero todos muestran lo que interesa, de lo que se habla: violencia, sobre todo violencia, en todas sus versiones: la de la calle, de las pandillas, de los narcotraficantes; la de la ciudad o la de las zonas rurales: pobreza, marginación, desplazados, emigración; violencia contra la mujer, o contra los niños, la prostitución. También se escribe sobre el cambio climático, explotaciones mineras, el mal reparto de la tierra; sobre personajes de la cultura, de la noche, de la ciencia. Entre todos los trabajos hay crónicas, reportajes, perfiles, entrevistas.
Todo se lo leyó el viajero. Primero a ratos, luego a tragos, después a toda prisa, ya que se cumplía el plazo. Hubo momentos de verdadero deleite, otros de sufrimiento y los hubo de mareo. Sobre todo las postulaciones de peor calidad, o las menos reporteadas, o en las que había excesiva literatura, es decir más preocupado el autor por el estilo que por el contenido, o las que resultaban innecesariamente largas.
Leyó en el Bellavista, en el despachito de FNPI, incluso durante algún taller. Continuó en Madrid y terminó en el Cuadrón, en el valle de Lozoya. Descubrió estilos, miradas originales, percepciones inesperadas, voces potentes, ecos sugerentes. Pero antes de terminar, el verdadero empujón lector lo dio en el ayuntamiento de Bogajo. No viene a cuento encontrar la razón por la que solo hay cobertura de red en la casa consistorial, pero lo cierto es que alguno de los mejores textos fueron leídos, casualidades, en el salón de plenos de un pequeño pueblo de Salamanca.
El periodismo y la literatura asociaron así a Bogajo con Cartagena de Indias. Una circunstancia accidental e imprevista, pero no la única. Existe un territorio mágico, Valjondo, en una novela inédita titulada Memoria de febrero, con indisimulables ecos de Macondo. Esa es otra historia, pero si al viajero alguien le hubieran dicho hace tiempo que estaría evaluando trabajos del premio García Márquez de periodismo en la sala de juntas donde ocurrieron algunos hechos que se describen en ese libro, justo encima de la cárcel donde se cuenta que vivió el protagonista, habría creído que era impensable. Pero el realismo mágico tiene esas providencias.

domingo, 17 de agosto de 2014

Insomnio


D. tiene los ojos verdes, acuosos, el pelo cano enredado. Es una copia caribeña, desmejorada, de Chico Buarque. Se le traban las palabras y gesticula con las manos para ordenarlas, para que fluyan, pero no siempre lo consigue.
Por su aspecto, anda entre príncipe y mendigo, aunque parezca más lo último. Parece deambular por el Bellavista y es que vive ahí. Se le ve por el comedor, por los patios, por los pasillos, sonriente y saludando. También se le encuentra por la avenida Santander, pero no en la acera del mar, la de la playa, sino en la otra, la de los estancos, los bares y los colmados enrejados.
Al viajero se lo han presentado varias veces, diferentes huéspedes, y D. empieza a pararse y conversar a pesar de su timidez. Antes saludaba con sus aparatosos gestos de manos y brazos, como aspas de molino, siguiendo su camino. Porque es muy flaco y los movimientos de las extremidades parece que lo van a llevar volando.
Los huéspedes del Bellavista cambian mucho, van y vienen. Responden a un canon heterogéneo, que ni es turista ni gente de negocios exactamente, que pasan por Cartagena por alguna otra razón que tiene que ver más con lo artístico, o lo laboral. Aunque hay una categoría de fijos, de gente que tiene el Bellavista como domicilio más o menos habitual. Gente que lleva años viviendo allí. En esa esta D. Pero unos y otros, fijos y ambulantes, se miran, se saludan, se conocen, hacen tertulia, y a veces coinciden en fiestas que surgen, organizadas o espontáneas. Silvia mueve mucho, es una de esas relaciones públicas innatas, capaces de poner en contacto a personalidades imposibles. Invitó al viajero a una barbacoa que resultó que no era suya, sino del profesor francés. El viajero fue a comprar unas cosas que hacían falta para las ensaladas y aportó lo que tenía a mano. Allí fue donde habló más con D., mientras el francés no se entendía con la socióloga a la hora de mantener el fuego, ni de colocar los pescados en el mismo, ni alentar las brasas, la diseñadora de interiores fumaba, el marido de Silvia miraba y un escritor tímido, amigo de D. callaba, sonreía y abría la botella de aguardiente de Antioquía sin azúcar.
D. había bebido antes, de manera que llevaba ventaja a todos,  y seguía agitando los brazos, cada vez más, para explicarse. Resultó ser profesor de latín y hermenéutica. Habló mucho de su mamá y de su ex pareja. Las dos lo habían dejado unos cuantos meses atrás. La primera se fue de este mundo, la segunda de su lado. Así que D. liquidó lo que tenía en su apartamento, muebles y enseres, y se trasladó al Bellavista. Entre los vapores del alcohol el viajero le oyó decir que tenía pena por su mamá y por su pareja. A aquella la cuidó todos los últimos años de vida, impedida. Al final se dejó morir, no tomó las medicinas, dice D. que porque no quería ser carga. De su ex no tenia sino palabras de agradecimiento, es mucho mérito lo que hizo, podía estar por ahí de rumba con gente de su edad, “y prefirió quedarse conmigo y atender a mi mamá”. Agradecido se le veía, antes de terminarse la botella de aguardiente.

Se le ve a menudo en su deambular con una botella en la mano, accionando con los brazos para decir algo. Otro día estaba el viajero en el patio, con su ordenador, escribiendo una historia del Bellavista. Pasó D. y saludó con sus largos brazos. Se paró a conversar, confiado. Volvió a hablar de su mamá, que decidió irse de la vida. De su ex también volvió a decir, pero ya no con más dolor. Encogiendo los hombros, accionado con sus brazos.
 Acertó a decir que no dormía bien, que había probado todos los métodos sin resultados. En realidad padecía insomnio desde que se fue su mamá y lo dejó su ex pareja. Que se ayudaba con el alcohol para dormir pero que no lograba dormir más que unas tres horas. Tras ese corto tiempo de descanso, de nuevo debía buscar el alcohol. Eso es un círculo vicioso. 
Comprende D. que tiene un problema de adicción. Dice que está con el propósito de hacer algo para desintoxicarse. Incluso pedir ayuda a un especialista.