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viernes, 18 de diciembre de 2015

Del "Es usted un Ruiz" al puñetazo


En el bar de Betty ha habido un verdadero debate y una auténtica tertulia. Al menos tan reales, tan argumentados y tan apasionados como los que se han producido en radios, televisiones, periódicos, redes y medios afines al Gobierno.
El verdadero debate del bar de Betty se celebró el martes por la mañana, es decir, al día siguiente del de la tele y no había ni cámaras ni fotógrafos ni paraguas, ni tertulianos explicándolo. Por no estar no estaba ni Betty.
En el remozado bar estaban a las diez de la mañana Honorio y su amigo íntimo salvo para el mus. Los dos solos, mano a mano. Betty puso ante ellos sendos cafés con porras, bajó el volumen de la tele y salió a sacar la basura.
Así que quedó el televisor mudo con imágenes de la Sexta, el bar vacío y los dos jubilados apoyados en la barra dando cuenta de las porras
Y la tertulia fue el viernes, pero más tarde, a la hora de los aperitivos, con cañas y vinos y los pinchos de bacalao que sigue haciendo Betty aunque haya remozado el bar, y con los que todos se chupan los dedos. Se hizo  no porque fuera la víspera del día de la reflexión, sino porque en el bar de Betty se habla sin parar, se dicen cosas al tuntún, se interrumpe, casi no se escucha, se eleva la voz, se insulta a veces también a los presentes, pero se reflexiona mucho. En ambos casos, debate y tertulia, llevó la voz cantante, como casi siempre Honorio.
El debate se centró en el presunto insulto de Sánchez a Rajoy, eso de la decencia. Y la tertulia giró en torno al puñetazo que el sobrino de la mujer de Rajoy propinó con su mano izquierda. El zapatero es ocurrente y dijo que quizá por eso dicen algunos medios que fue un izquierdista. Pero el comentario no tuvo mucho recorrido. Todos en el bar estuvieron de acuerdo en que eso no se hace, sea quien sea el presidente del gobierno. Y dicho eso, se habló mucho de la torticera utilización mediática y política del asunto.
El debate lo inició Mariano. Hablamos del debate del lunes, en el que el que Pedro Sánchez dijo a Rajoy: “el presidente del gobierno tiene que ser una persona decente y usted, señor Rajoy, no lo es”. Decimos que empezó Mariano porque así se llama el amigo íntimo, salvo en el mus, de Honorio. Dijo que se equivocó gravemente, que el socialista tenía razón en todo lo que iba diciendo, que llevaba ganado el debate y que ahí se pasó. Que no se puede insultar a la gente, que se pierde la razón si se hace.  Que ahí embarró el debate porque el otro le dijo lo de “hasta aquí hemos llegado” y luego lo de “Ruiz,  mezquino y miserable”.
Honorio utilizó la táctica que suele. A saber, mira fijamente a su interlocutor como si quisiera convencerlo de que escucha con atención e incluso que lo que está diciendo tiene interés. Para decir, cono dijo a Mariano, su amigo, que no sabía lo que estaba diciendo. Y enumeró, también como suele hacer: primero, no dijo más que una verdad, lo que ha venido haciendo Rajoy, con la Gurtel, que le paga las vacaciones, con Bárcenas, que le dice aguanta Luis, con el Partido, que rompe a martillazos lo ordenadores…. Eso no es decente. Y hay que decirlo así. Su amigo intentó colocar en ese punto, algo así como pero es que insultar…pero Honorio no dejó terminar la frase, y la tapó con un rápido pero es que los debates están para decir las cosas, más insultó luego Rajoy. Y ya no hay un segundo punto, ni un tercero, aunque cambie de objeto. Y tras defender de nuevo el buen uso del concepto de decencia, pasó Honorio a exponer que lo que más le llamó la atención del debate de la tele fue comprobar cómo los emergentes Iglesias y Rivera habían hecho pinza para atacar el viejo bipartidismo, como si quisieran a cambiarlo por un nuevo bipartidismo, que para ese viaje no hacían falta alforjas. Y que le había hecho más gracia todavía esa especie de troika de la limpieza verbal que habían emprendido Ciudadanos, Podemos y el PP, como si ellos no se hubieran pasado la campaña insultando. De modo que en un inesperado salto, y sin dejar meter baza a su amigo, Honorio aseguró que al que merece la pena votar es al olvidado de la campaña, al que no han hecho ni puto caso ni en radios, televisiones, periódicos, redes ni, lógicamente, en medios afines al Gobierno: Alberto Garzón.
En la tertulia del viernes volvió a decirlo, si bien, aunque suele salirse con la suya desde que se jubiló y se convenció a sí mismo que no tenía edad para gilipolleces, sus palabras no fueron escuchadas como lo hace Mariano: en silencio y sin encontrar nunca una pausa para interrumpirlo. Dijo lo de votar a Garzón después de que todos coincidieran, él el primero, en que no se puede dar un puñetazo así a nadie, ni al presidente del Gobierno ni a un guardia ni a un jefe ni a nadie. Qué precisamente ahí estuvo sensato Rajoy cuando pidió, con el pómulo hinchado, que nadie sacara conclusiones políticas. Ahí ya la tertulia perdió todo concierto y fue imposible seguir un cierto turno ni orden. Por lo que lo de Garzón ni se escuchó. Pero no porque no hubiera moderador, sino porque las tertulias del bar de Betty son así cuando hay un tema potente y no están ni el taxista que mira el fondo del vaso ensimismado ni Paqui cuando lo acompaña ni la pelirroja que leía en la esquina de la barra y no ha vuelto desde antes de la remodelación.

Pero cuando están Honorio y su amigo, y el cartero, y el zapatero, el portero, y la propia Betty y su hija y la chica de la ORA, incluso la de la farmacia, es otra cosa. Y si hay un hecho violento, curioso, candente, televisivo, como el baile de Soraya en el Hormiguero, o la colleja de Rajoy a su hijo en la radio, o cómo Bertin Osborne no sabe encender la cocina o el puñetazo… Entonces las palabras arden y todos tienen algo que decir, aunque no se escuchen unos a otros. Pero mientras en los otros casos hubo chanza y risas, en lo del guantazo hubo unanimidad: que eso no se hace y que no tiene nombre que se utilice. Ahí se le vio el plumero sociata al zapatero cuando se preguntó a ver si iban a querer sacar votos haciendo víctima a Rajoy. Y fue cuando añadió sin mucha fortuna lo de la teoría izquierdista. 


martes, 1 de diciembre de 2015

Empate a tres


-Anda, traidor, que eres un traidor.- Espeta Betty a Honorio medio en broma medio en serio nada más entrar por la puerta del remozado bar.
-Pero qué lujo es este.-Dice el jubilado sin hacer caso del reproche.
Es el primer día de los de Betty, tras la profunda trasformación que ha experimentado el local. La mujer dijo que necesitaba una manita de pintura. Se puso a ello y el arreglo ha durado más de tres meses. Desde mediados de septiembre. Es verdad que ya en faena, el lavado de cara se transformó en una reforma de arriba abajo. Un chaperón en el que la mujer se embarcó y ha transformado radicalmente el sitio, pero que casi le ha costado la vida. A disgustos.
Se encargaron unos conocidos de los de la fibra óptica de telefónica. En principio eran de fiar, habían hecho trabajos con los operarios e incluso habían estado con ellos en el bar de Betty. Ahí se los presentaron. Un presupuesto aceptable y sí, un proyecto fácil que iba a modernizar el bar. Y ya de puestos, pues meter máquinas nuevas, que todas, los frigoríficos, plancha, tenían lo suyo. Vaciaron el local, la trastienda, la cocina, el trastero, dejaron los papeles de las paredes colgando, amontonaron en el centro del lugar aperos de albañilería, cobraron lo acordado, y desaparecieron.
Ni rastro de ellos.  Así que Betty se quedó sin operarios y sin dinero. Anda en juicios y por eso se ha retrasado tanto lo que parecía un paréntesis de unas semanas. También dejaron una hormigonera como prueba de su paso hampón.
Durante ese tiempo los parroquianos se quedaron sin lugar de referencia, sin sitio donde verse, sin destino al salir o volver de casa. El bar más cercano es el de Juani, la enemiga mortal de Betty, justo enfrente, al otro lado de la plaza, como ya se ha dicho en estas crónicas postátiles. Era el lugar ideal como sustituto, para esperar, desde su ventana podrían contemplar la marcha de la reforma. Pero todos temían ofender a Betty. Casi todos sabían parte de la historia: una vez fueron como hermanas Juani y Betty, uña y carne. Pero de eso hace mucho tiempo, ahora no se pueden ni ver. Pocos conocen la razón de la ruptura inmisericorde, pero todos temen la ofensa y la ira de Betty si tuvieran tratos con “esa”. Así se refiere a su antigua alma gemela.
A ninguno de los parroquianos se le ocurrió ser infiel, así que fueron a otros bares del barrio, pero ni coincidían. Se acercaban todos, como si hicieran turno de guardia, a ver cómo iban las obras, se quedaban un rato mirando desde el centro de la plaza y luego se iban. Y el café o la cerveza, más rápidos, como de prestado, los tomaban en otros sitios. Nunca enfrente.
Solo Honorio pasó por ese bar enemigo. Quizá para controlar quien iba de los de Betty. Ninguno. Quizá por eso lo llama traidor Betty. Pero en el tono hay más simpatía que reproche.
No hay fiesta de inauguración, que Betty dice que con lo que tiene encima, con la estafa de los conocidos de los de la fibra óptica y lo que le debe al banco no está para fiestas. Aunque su hija dice que claro que habrá fiesta.
-Eso el sábado.
Así que abre Betty el bar, totalmente cambiado, transformado como si fuera otro sitio, y los habituales entran y se quedan como si no hubiera pasado nada. No está la chica pelirroja, de modo que falta la imagen de la lectora en la esquina de la barra. Pero está Paqui, cerca del taxista sin estar con él, y éste mira el fondo del vaso vacío casi antes de vaciarlo. Honorio y su amigo. El zapatero. La chica de la ORA hablando con la hija de Betty, íntimas. El portero no se ha ido a su casa y ha entrado con dos vecinos y con su hijo. La señora que probaba suerte en la máquina tragaperras ha entrado con una moneda en la mano, ha mirado, ha pensado que estaba en otro sitio y se ha dado la vuelta sin decir nada.
Todos miran el debate como si se hubieran juntado para eso. Lo ven en la 13.
-Manda cojones venir aquí a ver la tele de los obispos.-Dice Honorio
-En el fondo te va la marcha.- Se ríe la hija de Betty.
Se concentran en ver el debate a tres. Antes de que empiece, el zapatero, y Betty, y Honorio, y la chica de la ORA, hablan mucho de Rajoy.
-Ha dicho que llega donde llega. Nos ha jodido. Y que este tipo sea presidente de este país.
-Dice que no puede debatir con todos.
-Fijate, yo creo que no es que le de miedo, que también, es que es un vago.
Luego se concentran en mirar, en reír, en olvidarse del debate, en hablar de lo bien que ha quedado el bar de Betty, en señalar lo nervioso que esta Rivera, en cómo atacan Rivera e Iglesias a Sánchez, en que Iglesias se pone en plan moderador, en que Sánchez está flojo, en que Iglesias le pasa la mano por el lomo a Sánchez y luego de da un zasca, en que Sánchez es bastante más alto.
Para Honorio está claro que ha ganado Iglesias. Al zapatero se le ve el plumero sociata y dice que quien mejor ha estado es Sánchez. Y entonces Paqui, tras mirar al taxista ensimismado, dice que a ella le parece que el es Rivera.

-Lo que nos faltaba Paqui con Ciudadanos.

sábado, 30 de mayo de 2015

A Montoro le llega el efecto Carmena


La segunda Mirinda la toma en vaso largo como si fuera la penúltima en un club nocturno. Agarra el paso con los cinco dedos por el borde, dejando que cuelgue, los codos apoyados en la barra, con corbata pero en mangas de camisa, arremangado. Tras la barra, la hija de Betty seca los vasos, Betty repasa la encimera.
Frente al ministro, Honorio, su amigo y enemigo del mus, el portero, el zapatero que por una vez no se ha ido y se ha quedado como en un duelo a primer disparo, Paqui, la chica de la ORA y un no habitual que va por la quinta copa de coñac. Magno.
-Otra de Magno. Dijo. Y a los señores lo que tomen.
Betty está ducha en tratar con habituales y no habituales de mucho beber, así que sabe cuándo tiene que tomarse su tiempo y no responder inmediatamente al servicio.
Estaban comentando los resultados electorales elucubrando los pactos posibles y los imposibles, como si fueran ellos los que hubieran de firmarlos. En la tertulia había bastantes coincidencias, han ganado todos, un par de ideas encontradas y mucho quórum para pintar las últimas derivas de la ex condesa de Murillo y actual condesa de Bornos.
Que es mala persona, que se le ha ido la olla, que no puede aguantar que no mangonee ella, que ha quedado como el culo, que está rabiando por las esquinas, que quiere montar otro tamayazo, que está salpicada de mierda… eran las premisas que los presentes iban dejando posarse en el suelo fregado del bar de Betty, sin aderezar demasiado ni matizar, con lo que sin desarrollo alguno pasaban a ser conclusiones.
A veces la nota discordante era la del no habitual, el del Magno, que ni conocía los tiempos de exposición y de discusión del bar ni tenía muy elaborado su discurso, ya que pasaba de considerar que la susodicha era muy lista a asegurar, casi al mismo tiempo, que era lo peor: tonta e hija de puta.
No era tenido en cuenta en un ambiente tan festivo y optimista. La hija de Betty y su ya íntima amiga la chica de la ORA llevaban cuatro días de celebración. El zapatero insistía que no había ganado Podemos, sino Manuel Carmena. Y todos le veían su conformismo socialista. A Honorio le dolía lo de Izquierda Unida, y a su amigo no estando el mus por medio, lo que dijera Honorio. El portero, dado su trabajo, tenía claro que su aspiración era la equidistancia, así que ni siquiera en el bar se pronunciaba. Y cuando el sentir general  disparaba sus salvas contra la lideresa que se desquició en sus últimas elecciones, se limitó a asegurar: a saber. Paqui no se quería meter en líos pero dejó muy claro desde el principio que a ella la señora Carmena le parecía una señora.
A todos les extrañó, y no dejaron de manifestarlo entre tanto comentario político, de pactos y de ofensas, que el taxista no hubiera aparecido. Miraron a Paqui sin decir nada, pero ella no aclaró: se encogió de hombros.
En esas estaban cuando llegó Montoro. En mangas de camisa como si fuera verano, solo, los rizos pegados al cogote y sonriente.
-Pues no sé de qué se ríe, con la que le ha caído. Lo dijo el zapatero sin dirigirse al él, pero con ganas de ser contestado.
La primera Mirinda la tomó a morro, como si llegara sediento, sin respirar. La segunda ya la vació sobre los hielos del vaso de tubo. Fue cuando se acodó en la barra, satisfecho y displicente.
Fue la chica de la ORA, exultante por la amistad de la hija de Betty o por el resultado electoral, la que se dirigió a él para decirle que le parecía haber oído que ahora estaba a favor del cine.
-En efecto, señorita. Pero es que yo siempre he estado a favor del cine español. Nadie duda de que el cine ayuda a impulsar la Marca España.
-¿Pero qué dice este hombre ahora?
-Lo que oye. La industria cinematográfica española es un sector que tiene un gran relieve a nivel internacional.
-Por eso la han perseguido ustedes.
-¿Como que perseguido?. Aquí nadie ha perseguido a nadie. Al contrario.
Fue cuando la hija de Batty dijo que eso era el efecto Carmena, que ya se empezaba a notar. Todos, en su ánimo optimista, rieron la ocurrencia. Su amiga corroboró: afirmó que el ministro teme a Manuela y por eso se pone la piel de cordero y empieza a hablar bien del cine.

Montoso no oye la reflexión.  Apoyado en la barra sobre los dos codos y en una pierna doblada, guarda equilibrio de flamenco, balancea su trago largo de Mirinta y mira a lo lejos, a través de la puerta abierta del bar, como vislumbrando un tiempo nuevo.

miércoles, 13 de mayo de 2015

PROHIBIDO HACER CAMPAÑA

Betty decidió declarar a su bar ZONA LIBRE DE CAMPAÑA. Es decir, que nadie fuera allí ni a repartir papelitos, ni prospectos, ni programas, ni banderitas ni chapas.
-¿Ni a debatir? -Preguntó Honorio
-Ni a debatir. Después de lo visto, ni a debatir ¿O te crees tú que debaten?
Y explicó que iba a poner un letrero grande: en lugar de decir, como se decía antes, Prohibido blasfemar, pondrá Prohibido hacer campaña. Ni para elecciones municipales y autonómicas ni para las generales cuando vengan. 
Y lo puso. En la pizarra que está junto a la máquina tragaperras escribió en letras mayúsculas: PROHIBIDO HACER CAMPAÑA
Lo decidió tras asistir, pasmada desde detrás de la barra, a la pelea, física, del de Podemos y el de Ciudadanos, tras los insultos entre el del PSOE y el del PP y de la bronca entre dos de Izquierda Unida que llegaron juntos y se fueron separados. Todo la misma mañana.
A las 9 de la mañana del lunes entraba por la puerta del bar un chico joven cargado con un taco grande de folletos y una mochila que lo derrengaba. Sobre la barra, los churros dispuestos, algunos cafés humeantes; junto a ella, los parroquianos, los habituales y otro no habituales. De los primeros, Honorio, su amigo del mus, el zapatero, la chica de la ORA, el taxista mirando su vaso ya vacío, Paqui jugando en La tragaperras, los dos de la Telefónica que aunque ya hacía tiempo que terminaron con el cableado del barrio se habían querenciado con lo de Betty y el de la cocacola. De los segundos, además de un barrendero, el del banco, dos tipos trajeados, se supone que representantes o comerciales de algo, un hombre con gafas leyendo un periódico, dos peluqueras y una señora con carrito esperando que Paqui dejara la máquina libre
El chico de la mochila llevaba coleta y las mangas de la camisa blanca cuidadosamente dobladas hasta el codo. Entró deseando un buen día a cada uno de los presentes y les ofreció un folleto con la imagen de Manuel Carmena.
En eso estaba cuando llegó el de Ciudadanos. También joven, éste bien peinado y lavado, el pelo corto, cuidadosamente descamisado. Es decir, chaqueta entallada, camisa blanca y con la corbata en el bolsillo. También llevaba carga de folletos y de tarjetas postales,  en este caso en un maletín, y la intención de repartirlos entre los presentes. La foto de las tarjetas era de Albert Rivera
-¿Puedes esperar por favor?
-¿Por qué voy a esperar?
 Y se lio. No se sabe muy bien qué paso exactamente, el caso es que en segundos estaban enzarzados. Uno le decía al otro que les dictaban los tweets desde Venezuela, el otro que era un yogurin pepero y relamido. Lo que no entendió nadie es que se liaran a hostias y el maletín y la mochila quedaron rasgados y por los suelos. Ellos salieron del bar y éste quedé sembrado, y sucio, de medidas impresas de regeneración democrática.
A las 10 el que entró, con traje y corbata, engominado hasta el cogote, fue el del PP. No iba solo. Una azafata como de líneas aéreas del Este lo acompañaba. El daba la mano y ella daba el folleto, sonriendo. Con la cara impresa de Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy, que también sonreían. Y llegó el del PSOE, también con traje pero sin corbata. Y se puso a saludar a los parroquianos habituales y no habituales, o por conocerlos a todos o por no saber quienes eran unos y otros. Lo que éste repartía eran chapas con la imagen de Carmona. Cosa que no gustó nada al primero porque dijo:
-¿También aquí vas a venir a tocar los cojones?
Contaba luego Honorio que no quedó claro si lo que molestó al del PP fue la chapa, la invasión de un lugar donde estaba él o la animadversión personal. Porque por los términos que emplearon uno y otro no era la primera vez que tenían diferencias. Uno a otro se llamaron corruptos y miserables.
A última hora fueron dos de Izquierda Unida, conocidos de Honorio, que los llamó pensando que si los otros habían pasado por el bar de Betty por qué no sus amigos. Uno quería hablar con todos los presentes y el otro dijo que era preferible comunicarse de uno en uno. El caso es que llegaron juntos y se fueron separados.
-Se acabó, aquí no entra ni uno que venga de campaña
Fue la sentencia de Betty.
Al zapatero no le gustó la medida de Betty porque considera que no son todos iguales, por lo que no fue justa, pero no dijo nada. Explicaría luego a Honorio que el del PSOE tenía toda la razón en decir lo que dijo. Quiso explicar que su argumento no tenía que ver con que se tratara de su partido y  fuera su sobrino el interpelado por el engominado que se hacía acompañar por la azafata de falda corta.
-Han robado, se han repartido sueldos y empresas. Han desmantelado la Sanidad, han distribuido empresas entre sus amigos. Entienden lo público como un pastel suyo. Y encima le dan la vuelta a la tortilla y dice que es mi sobrino el corrupto. No me jodas, Honorio, que tu sabes que mi sobrino es legar, que no ha hecho otra cosa que trabajar por el barrio.
Honorio apena oía al zapatero y no estaba dispuesto a desautorizar a Betty. Fueron los trabajadores de Telefónica los que hicieron de servicio de orden y sacaron del bar, sin empujones pero de manera firme, a los de los insultos, el del PP y el del PSOE y a los que llegaron a las manos, el de Ciudadanos y el de Podemos. Los de IU se irían solos. No faltó luego debate, que además del zapatero con el PSOE, también la chica de la ORA y la hija de Betty defendieron la causa del representante de Podemos.
-Los únicos que lo tienen claro.
-Sí, como en Andalucía.
-Pero si Podemos no se presenta, que no os enteráis
-Que lo sé de sobra, pero yo me entiendo.
-Me dan ganas de no votar a ninguno.
-Otro apolítico. Así seguirá ganando la corrupción. Hay que echarlos
-Pues yo voy a votar a Izquierda Unida, no puede desaparecer.
-Pues esos sí que están peleados.

Betty se quedó pensando, ante la discusión y la tertulia entabladas, si no debería quitar el Prohibido.