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jueves, 8 de septiembre de 2016

Monólogo de Rafahernando

En el bar de Betty los parroquianos están tan golpeados por la ola de calor como en el resto del país. La hija vaporiza el ambiente cada rato, pero no consigue sino aumentar el sudor y que Honorio le diga con sorna que no lo moje más. Los ventiladores que han colocado en las cuatro esquinas apenas mantienen una barrera que se derriba en cuando alguien abre la puerta metálica de la calle.
En esto que quien entra es Rafahernando. Los presentes bastante tienen con el calor de ese septiembre como para alterarse por el recién llegado. Además, no son gente fácilmente impresionable. Llega realmente acalorado, pide un sol y sombra con hielo, lo engulle sin que apenas haya hecho efecto el hielo, se limpia la boca con el dorso de la mano y se encara con el portero.
Los brazos de la camisa arremangados como un chulo de barrio rico, o como el comercial aguerrido que sale cada mañana a la jungla de las calles. Cerca del codo, perfectamente dobladas las mangas, la corbata suelta como uno que vuelve de juerga, sudando la gota gorda de esta calorina de septiembre. Sorprendido del poco efecto causado, grandes manchas en los sobacos, le apunta con el dedo.
Le habla directamente, salpicándolo con una lluvia de saliva como esputos. Y habla el portavoz, con tono de mitin, aunque en realidad esté ensayando un monologo, de que Podemos  “tiene las manos manchadas de dólares de regímenes tiranicidas y liberticidas". Y sin apenas pausa, añade que Pedro Sánchez está haciendo el ridículo, ”vaya uno al país que vaya de la UE no entienden lo que está haciendo el PSOE”. Y le digo una cosa, “cada vez estamos más cerca de que se rompa definitivamente España”.
-Que es lo que quieren algunos. Un sol y sombra con hielo, por favor.
Si no fuera porque apunta de manera agresiva con el dedo y salpica con su boca con espuma en las comisuras, pudiera parecer que está ensayando un discurso, un argumentario o un mantra.
La chaqueta al hombro, los brazos remangados, la corbata descorbatada, un palillo en la mano que pone entre los dientes cuando quiere liberar el dedo que apunta al portero. Es como si quisiera adaptarse a un paisaje que por otro lado demuestra desconocer por completo. Quizá hace tiempo que no pisa la calle, desde luego en el bar de Betty es como un extraterrestre, con y sin palillo, arremangado y sin arremangar.
El viajero observa en silencio, en la esquina, junto a la pelirroja que ha cerrado su lectura pero tampoco escucha a Rafahernando. El amigo de Honorio se mete la cara y el pecho, no siempre en ese orden, en el ventilador colocado en el centro de la barra. Dos que trabajan en la línea 1 del Metro, miraron un segundo de reojo al recién llegado, pero siguen a los suyo. El zapatero lleva ya rato con la tarea inútil de abanicarse a sí mismo con la mano. Los del bar de Betty no dejan deslumbrar fácilmente, y menos con Rafahernando. Bastante tienen con pedir que suban el aire.
-¡Que está a tope¡ pesado.
El taxista no pide nada, sigue mirando al fondo del vaso vacío. Mucho menos le interesa lo que haga o diga el político faltón. Paqui está a su lado, en silencio. De acuerdo con él también en esto. La hija de Betty está en la cocina. Se asomó un segundo a la puerta, vaporizó una vez más, pero no ha vuelto a salir.
Rafahernando pide otro sol y sombra con hielo, que también engulle antes de que hielo empiece a hacer su efecto. Se echa la chaqueta al hombro, como si fuera a marchar tras la cabra de la legión. Y habla de Venezuela, esta vez también salpicando e igualmente señalando con el dedo, como si fuera una pistola, al pecho del portero.
Éste, acostumbrado a adoptar una actitud de cierta docilidad, como darle la razón a todos los vecinos, defiendan lo que defienda, acusen a quien acusen, se encoje de hombros. No es que se achante, pero dado el brío del portavoz, podría parecerlo. El que toma partido y la palabra, es Honorio, no se sabe si por echar una mano solidaria al portero o porque le tiene ganas al portavoz del partido, el guardaespaldas del presidente del Gobierno en funciones.
-¡Pero a él qué le dice¡.
No le falta razón al jubilado de las chanclas, hoy sin calcetines dada la ola de calor. Y le hace ver que no entiende cómo se dirige, con semejantes de maneras de matón, como si estuviera advirtiendo a Rivera en el Congreso, al pobre portero.
-Perdóneme usted.
Eso dice, y sigue apuntando con el dedo, no se sabe bien ahora si a Honorio o al portero. Lo que viene a explicar Rafahernando, más o menos, que sigue pareciendo un chulo de barrio venido a más, es que no tiene nada contra el portero, que es su manera de señalar, de expresarse, quizá algo vehemente; que con quien sí tiene es con los bolivarianos de Podemos y con los irresponsables del PSOE.
Betty sirve en silencio los sol y sombras con hielo que va pidiendo y mira con sonrisa cómplice a la pelirroja, al viajero, a Honorio, al taxista, que le devuelven el entendimiento. Bueno, el taxista, no devuelve.
Honorio entonces da la espalda ostentosamente al portavoz-guardaespaldas y le hace a la dueña del bar, en voz alta, una pregunta retórica.
-Y el exministro Soria, bien, y el PP, también ¿No?
Rafahernando se cree que es su turno, y se lanza, que ese señor “ha tenido una carrera amplia en la Administración y reunía todos los requisitos para el puesto". Nadie le presta atención, pero el sigue diciendo que “les pediría a algunas personas más respeto".
-Parece un vendedor cabreado, porque no le compran sus productos de mala calidad. Dice el zapatero, a quien cae igual Rafahernado que Montoro.
-Joder, por lo menos Floriano dudaba.  

La pelirroja se ríe con la comparación de Honorio.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Del "Es usted un Ruiz" al puñetazo


En el bar de Betty ha habido un verdadero debate y una auténtica tertulia. Al menos tan reales, tan argumentados y tan apasionados como los que se han producido en radios, televisiones, periódicos, redes y medios afines al Gobierno.
El verdadero debate del bar de Betty se celebró el martes por la mañana, es decir, al día siguiente del de la tele y no había ni cámaras ni fotógrafos ni paraguas, ni tertulianos explicándolo. Por no estar no estaba ni Betty.
En el remozado bar estaban a las diez de la mañana Honorio y su amigo íntimo salvo para el mus. Los dos solos, mano a mano. Betty puso ante ellos sendos cafés con porras, bajó el volumen de la tele y salió a sacar la basura.
Así que quedó el televisor mudo con imágenes de la Sexta, el bar vacío y los dos jubilados apoyados en la barra dando cuenta de las porras
Y la tertulia fue el viernes, pero más tarde, a la hora de los aperitivos, con cañas y vinos y los pinchos de bacalao que sigue haciendo Betty aunque haya remozado el bar, y con los que todos se chupan los dedos. Se hizo  no porque fuera la víspera del día de la reflexión, sino porque en el bar de Betty se habla sin parar, se dicen cosas al tuntún, se interrumpe, casi no se escucha, se eleva la voz, se insulta a veces también a los presentes, pero se reflexiona mucho. En ambos casos, debate y tertulia, llevó la voz cantante, como casi siempre Honorio.
El debate se centró en el presunto insulto de Sánchez a Rajoy, eso de la decencia. Y la tertulia giró en torno al puñetazo que el sobrino de la mujer de Rajoy propinó con su mano izquierda. El zapatero es ocurrente y dijo que quizá por eso dicen algunos medios que fue un izquierdista. Pero el comentario no tuvo mucho recorrido. Todos en el bar estuvieron de acuerdo en que eso no se hace, sea quien sea el presidente del gobierno. Y dicho eso, se habló mucho de la torticera utilización mediática y política del asunto.
El debate lo inició Mariano. Hablamos del debate del lunes, en el que el que Pedro Sánchez dijo a Rajoy: “el presidente del gobierno tiene que ser una persona decente y usted, señor Rajoy, no lo es”. Decimos que empezó Mariano porque así se llama el amigo íntimo, salvo en el mus, de Honorio. Dijo que se equivocó gravemente, que el socialista tenía razón en todo lo que iba diciendo, que llevaba ganado el debate y que ahí se pasó. Que no se puede insultar a la gente, que se pierde la razón si se hace.  Que ahí embarró el debate porque el otro le dijo lo de “hasta aquí hemos llegado” y luego lo de “Ruiz,  mezquino y miserable”.
Honorio utilizó la táctica que suele. A saber, mira fijamente a su interlocutor como si quisiera convencerlo de que escucha con atención e incluso que lo que está diciendo tiene interés. Para decir, cono dijo a Mariano, su amigo, que no sabía lo que estaba diciendo. Y enumeró, también como suele hacer: primero, no dijo más que una verdad, lo que ha venido haciendo Rajoy, con la Gurtel, que le paga las vacaciones, con Bárcenas, que le dice aguanta Luis, con el Partido, que rompe a martillazos lo ordenadores…. Eso no es decente. Y hay que decirlo así. Su amigo intentó colocar en ese punto, algo así como pero es que insultar…pero Honorio no dejó terminar la frase, y la tapó con un rápido pero es que los debates están para decir las cosas, más insultó luego Rajoy. Y ya no hay un segundo punto, ni un tercero, aunque cambie de objeto. Y tras defender de nuevo el buen uso del concepto de decencia, pasó Honorio a exponer que lo que más le llamó la atención del debate de la tele fue comprobar cómo los emergentes Iglesias y Rivera habían hecho pinza para atacar el viejo bipartidismo, como si quisieran a cambiarlo por un nuevo bipartidismo, que para ese viaje no hacían falta alforjas. Y que le había hecho más gracia todavía esa especie de troika de la limpieza verbal que habían emprendido Ciudadanos, Podemos y el PP, como si ellos no se hubieran pasado la campaña insultando. De modo que en un inesperado salto, y sin dejar meter baza a su amigo, Honorio aseguró que al que merece la pena votar es al olvidado de la campaña, al que no han hecho ni puto caso ni en radios, televisiones, periódicos, redes ni, lógicamente, en medios afines al Gobierno: Alberto Garzón.
En la tertulia del viernes volvió a decirlo, si bien, aunque suele salirse con la suya desde que se jubiló y se convenció a sí mismo que no tenía edad para gilipolleces, sus palabras no fueron escuchadas como lo hace Mariano: en silencio y sin encontrar nunca una pausa para interrumpirlo. Dijo lo de votar a Garzón después de que todos coincidieran, él el primero, en que no se puede dar un puñetazo así a nadie, ni al presidente del Gobierno ni a un guardia ni a un jefe ni a nadie. Qué precisamente ahí estuvo sensato Rajoy cuando pidió, con el pómulo hinchado, que nadie sacara conclusiones políticas. Ahí ya la tertulia perdió todo concierto y fue imposible seguir un cierto turno ni orden. Por lo que lo de Garzón ni se escuchó. Pero no porque no hubiera moderador, sino porque las tertulias del bar de Betty son así cuando hay un tema potente y no están ni el taxista que mira el fondo del vaso ensimismado ni Paqui cuando lo acompaña ni la pelirroja que leía en la esquina de la barra y no ha vuelto desde antes de la remodelación.

Pero cuando están Honorio y su amigo, y el cartero, y el zapatero, el portero, y la propia Betty y su hija y la chica de la ORA, incluso la de la farmacia, es otra cosa. Y si hay un hecho violento, curioso, candente, televisivo, como el baile de Soraya en el Hormiguero, o la colleja de Rajoy a su hijo en la radio, o cómo Bertin Osborne no sabe encender la cocina o el puñetazo… Entonces las palabras arden y todos tienen algo que decir, aunque no se escuchen unos a otros. Pero mientras en los otros casos hubo chanza y risas, en lo del guantazo hubo unanimidad: que eso no se hace y que no tiene nombre que se utilice. Ahí se le vio el plumero sociata al zapatero cuando se preguntó a ver si iban a querer sacar votos haciendo víctima a Rajoy. Y fue cuando añadió sin mucha fortuna lo de la teoría izquierdista. 


miércoles, 13 de mayo de 2015

PROHIBIDO HACER CAMPAÑA

Betty decidió declarar a su bar ZONA LIBRE DE CAMPAÑA. Es decir, que nadie fuera allí ni a repartir papelitos, ni prospectos, ni programas, ni banderitas ni chapas.
-¿Ni a debatir? -Preguntó Honorio
-Ni a debatir. Después de lo visto, ni a debatir ¿O te crees tú que debaten?
Y explicó que iba a poner un letrero grande: en lugar de decir, como se decía antes, Prohibido blasfemar, pondrá Prohibido hacer campaña. Ni para elecciones municipales y autonómicas ni para las generales cuando vengan. 
Y lo puso. En la pizarra que está junto a la máquina tragaperras escribió en letras mayúsculas: PROHIBIDO HACER CAMPAÑA
Lo decidió tras asistir, pasmada desde detrás de la barra, a la pelea, física, del de Podemos y el de Ciudadanos, tras los insultos entre el del PSOE y el del PP y de la bronca entre dos de Izquierda Unida que llegaron juntos y se fueron separados. Todo la misma mañana.
A las 9 de la mañana del lunes entraba por la puerta del bar un chico joven cargado con un taco grande de folletos y una mochila que lo derrengaba. Sobre la barra, los churros dispuestos, algunos cafés humeantes; junto a ella, los parroquianos, los habituales y otro no habituales. De los primeros, Honorio, su amigo del mus, el zapatero, la chica de la ORA, el taxista mirando su vaso ya vacío, Paqui jugando en La tragaperras, los dos de la Telefónica que aunque ya hacía tiempo que terminaron con el cableado del barrio se habían querenciado con lo de Betty y el de la cocacola. De los segundos, además de un barrendero, el del banco, dos tipos trajeados, se supone que representantes o comerciales de algo, un hombre con gafas leyendo un periódico, dos peluqueras y una señora con carrito esperando que Paqui dejara la máquina libre
El chico de la mochila llevaba coleta y las mangas de la camisa blanca cuidadosamente dobladas hasta el codo. Entró deseando un buen día a cada uno de los presentes y les ofreció un folleto con la imagen de Manuel Carmena.
En eso estaba cuando llegó el de Ciudadanos. También joven, éste bien peinado y lavado, el pelo corto, cuidadosamente descamisado. Es decir, chaqueta entallada, camisa blanca y con la corbata en el bolsillo. También llevaba carga de folletos y de tarjetas postales,  en este caso en un maletín, y la intención de repartirlos entre los presentes. La foto de las tarjetas era de Albert Rivera
-¿Puedes esperar por favor?
-¿Por qué voy a esperar?
 Y se lio. No se sabe muy bien qué paso exactamente, el caso es que en segundos estaban enzarzados. Uno le decía al otro que les dictaban los tweets desde Venezuela, el otro que era un yogurin pepero y relamido. Lo que no entendió nadie es que se liaran a hostias y el maletín y la mochila quedaron rasgados y por los suelos. Ellos salieron del bar y éste quedé sembrado, y sucio, de medidas impresas de regeneración democrática.
A las 10 el que entró, con traje y corbata, engominado hasta el cogote, fue el del PP. No iba solo. Una azafata como de líneas aéreas del Este lo acompañaba. El daba la mano y ella daba el folleto, sonriendo. Con la cara impresa de Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy, que también sonreían. Y llegó el del PSOE, también con traje pero sin corbata. Y se puso a saludar a los parroquianos habituales y no habituales, o por conocerlos a todos o por no saber quienes eran unos y otros. Lo que éste repartía eran chapas con la imagen de Carmona. Cosa que no gustó nada al primero porque dijo:
-¿También aquí vas a venir a tocar los cojones?
Contaba luego Honorio que no quedó claro si lo que molestó al del PP fue la chapa, la invasión de un lugar donde estaba él o la animadversión personal. Porque por los términos que emplearon uno y otro no era la primera vez que tenían diferencias. Uno a otro se llamaron corruptos y miserables.
A última hora fueron dos de Izquierda Unida, conocidos de Honorio, que los llamó pensando que si los otros habían pasado por el bar de Betty por qué no sus amigos. Uno quería hablar con todos los presentes y el otro dijo que era preferible comunicarse de uno en uno. El caso es que llegaron juntos y se fueron separados.
-Se acabó, aquí no entra ni uno que venga de campaña
Fue la sentencia de Betty.
Al zapatero no le gustó la medida de Betty porque considera que no son todos iguales, por lo que no fue justa, pero no dijo nada. Explicaría luego a Honorio que el del PSOE tenía toda la razón en decir lo que dijo. Quiso explicar que su argumento no tenía que ver con que se tratara de su partido y  fuera su sobrino el interpelado por el engominado que se hacía acompañar por la azafata de falda corta.
-Han robado, se han repartido sueldos y empresas. Han desmantelado la Sanidad, han distribuido empresas entre sus amigos. Entienden lo público como un pastel suyo. Y encima le dan la vuelta a la tortilla y dice que es mi sobrino el corrupto. No me jodas, Honorio, que tu sabes que mi sobrino es legar, que no ha hecho otra cosa que trabajar por el barrio.
Honorio apena oía al zapatero y no estaba dispuesto a desautorizar a Betty. Fueron los trabajadores de Telefónica los que hicieron de servicio de orden y sacaron del bar, sin empujones pero de manera firme, a los de los insultos, el del PP y el del PSOE y a los que llegaron a las manos, el de Ciudadanos y el de Podemos. Los de IU se irían solos. No faltó luego debate, que además del zapatero con el PSOE, también la chica de la ORA y la hija de Betty defendieron la causa del representante de Podemos.
-Los únicos que lo tienen claro.
-Sí, como en Andalucía.
-Pero si Podemos no se presenta, que no os enteráis
-Que lo sé de sobra, pero yo me entiendo.
-Me dan ganas de no votar a ninguno.
-Otro apolítico. Así seguirá ganando la corrupción. Hay que echarlos
-Pues yo voy a votar a Izquierda Unida, no puede desaparecer.
-Pues esos sí que están peleados.

Betty se quedó pensando, ante la discusión y la tertulia entabladas, si no debería quitar el Prohibido.