miércoles, 28 de enero de 2026

12. Silves

 Como ya he dicho fue una equivocación ir al intermarche.  Una mala elección por las cargas y descargas, los ruidos desde primera hora, el encierro en la parte de atrás del hiper. Cuando había tanto sitio en las calles de Sagres. Pero el baño y sobre todo las tartitas de nata para desayunar compensan el error.


Sale el día nublado y con temperaturas que desdicen este octubre veraniego, así que desandamos el camino hacia Vila do Vispo y seguimos hacia Lagos para dirigirnos a Silves. El castillo de ladrillo rojo se ve desde lo lejos señoreando la ciudad. Anuncia una historia larga, la de una ciudad rica y sofisticada que fue capital morisca durante cinco siglos, centro político y cultural. El castillo de piedra arenisca es el rastro de aquella importancia con sus inmensos muros y torres. La puerta portificada lo une con el casco antiguo que desciende por la ladera en estrechas calles y casas encaladas. Una estatua inmensa del rey Sancho I, de bronce, la espada en una mano, y una suerte pliego en la otra, parece guardar la fortaleza.


Este monumental castillo de color rojizo fue erigido por los árabes en el siglo XI y es, en la actualidad, uno de los castillos mejor conservados de Portugal. Es visitable y se puede caminar por sus anchas murallas y asomarse a las almenas y a los puestos de guardia, mirar desde arriba las excavaciones que ven recuperando lo que queda del pasado esplendor. Tiene once torres y fuertes murallas para rodear una superficie de 12.000 metros cuadrados.

Cuenta con un profundo foso, unos dicen que de 60 metros, otros que 18, y dos y medio de diámetro, y una cisterna de color rosa con 5 metros de profundidad que recuerdan la ocupación mora. Dentro, las cuatro bóvedas de la cisterna descansan sobre diez columnas. Bajar a tan inmenso depósito de agua da la idea de las dimensiones, la población y la importancia del lugar.


En la muralla norte puede verse la puerta de la traición (Porta da Traição), una vía de escape por la que los traidores dejaban escapar a sus enemigos. De las tres líneas de murallas que partían del castillo abrazando la población se conservan varios lienzos; el más importante se halla en el torreão da Porta da Cidade. Recorrer las murallas por sus cuatro lados supone hacerse una idea de lo que los excavadores y estudiosos han ido interpretando, desde los aposentos del emir que pudo construir la fortaleza a las posiciones de sus defensores o de sus conquistadores. También se observa desde las almenas cómo un tractor baña de polvo desinfectante la plantación de naranjos del norte de la ciudad. Junto a los hallazgos arquitectónicos, en el centro de la fortificación, una construcción de metacrilato ofrece un tentempié en mitad de la calorina de octubre.



La ciudad está cuidada y además de historia tiene buenos presupuestos, se nota por el complejo deportivo de las piscinas municipales junto al rio, por el gran aparcamiento para que los vehículos se alejen del centro histórico o por el concierto que preparan, los días 10 y 11 de octubre por el festival Silves Urban Music, con artistas como Dino D'Santiago, Mão Morta y Bizarra Locomotiva, Mordaça, DJs y escuelas de baile. En el inmenso parquin municipal. Por eso cuando llegamos estaba ocupado, con un cierto caos circulatorio, sin apenas espacio para meter un coche, menos una furgoneta como la que nos está llevando por el Algarve. El guarda de seguridad del recinto ayuda a aparcar indicando con paciencia e incluso nos sugiere un lugar en la esquina para que la parte trasera pueda volar sobre la acera. Queda bien, pero con el concierto venidero y el gentío quizá es momento de buscar otro lugar. El propio agente nos indica uno a unos quinientos metros, junto a las piscinas. Alli hay un área de pago, un poco inhóspita porque está recién montada y parece un secarral con árboles raquíticos que algún día serán adultos y proporcionarán sombra. Justo fuera del área, en los aparcamientos del parque, hay sitios estupendos y tranquilos y sombreados para aparcar y pasar la noche. Y alejados de los preparativos del concierto.



La vocación de servicio del municipio, y su desahogado presupuesto, se muestra en los parques cuidados y sembrados de esculturas, en las instalaciones deportivas, en los aparcamientos, en los conciertos de entrada gratuita, en la limpieza de sus calles. El festival de música incluye eventos de fado y jazz con grupos como la Orquesta de jazz del Algarve, toda la zona ribereña consagrada a la música. Zona que baña el rio Arade.



Un rio que parece agostado, con alguna barca a la deriva, más bien enterrada en el lodo, como olvidada y cuya presencia significa una anomalía. Pero eso puede ocurrir por la mañana, quizá por la tarde cambie por completo el panorama y aparezca un rio lleno de agua, hasta los bordes, y lógicamente navegables para las barcas que parecían varadas y olvidadas. Desemboca el Arade en Portinao, lo que supone más de quince kilómetros, entre Silves y Portinao. De modo que esa marea, que sube y baja cada día para sorprender a los viajeros que ora ven un rio prácticamente seco y un rato más tarde una ría caudalosa, recorre mucho espacio y no se espera que la marea vaya subiendo desde Portinao hasta llegar al puente romano de Silves, y más arriba. Ese puente es el que une la ciudad con la costa y anda en reformas, forrado de andamios y plásticos. Cuando está la marea baja no lo parece pero durante siglos, barcos venidos del Atlantico y del Maditerraneo subieron y bajaron por este rio. Mas abajo parece que hay restos de torres de vigilancia medieval y huellas de la presencia de los romanos. Hay noticia de que en ese tramo del rio atracaron los barcos de los cruzados que conquistaron Silves por primera vez y también, antes, una flota de barcos vikingos que fueron a saquear.



No es fácil encontrar la oficina de turismo: al lado de las piscinas, al otro lado del parque, junto al rio, antes de llegar al puente… tras mucho preguntar vimos que estaba al lado de un búrguer, a un lado del gran parque, donde la carretera que lo bordea y se pone en paralelo con el río, efectivamente antes del puente medieval. La encargada no es tan meticulosa como el de Lagos, ni parece que le guste dibujar sobre el plano. Señala con poca gracia el castillo, el precio de la entrada, 3.90 euros y el resto de muralla que se conservan en el casco histórico, los bordes de la antigua ciudad morisca. Pero eso ya viene subrayado en el mapa que nos da. Así que tomamos el plano de la ciudad y apuntamos al margen lo que deberíamos no perdernos. La llamada Cruz de Portugal queda un poco lejos del parque fluvial y de la ciudad, así que pensamos en olvidarla, como se ha hecho con iglesias y museos en este viaje.


Pero a la mañana siguiente, tras placida dormida y rico desayuno, al salir por la carretera hacia Evola, la vimos. En mitad de un parque, pero lo que nos llama la atención no es el monumento sino el hecho de que cuatro o cinco obreros la rodearan, con un camión de aperos de construcción o de restauración. Luego ya se vio, con la especie de pérgola, cuatro columnas de piedra, techo de teja sobre vigas de maderos, a cuatro aguas que protege de la lluvia y del sol. No del viento. Debajo, la famosa cruz de piedra, del siglo XV, un curioso monumento nacional. Tallada en piedra caliza, muestra un cristo crucificado por un lado y por otro la Piedad, cristo y la virgen maría en el descendimiento. Enredados detalles de flores y cuerdas y adornas, propios de un escultor creativo y meticuloso. Preguntamos a los obreros y uno de ellos, de Oporto, se muestra dicharachero y simpático, sobre la cruz, su pueblo, Silves. Cuando le preguntamos qué estaban haciendo, si reparando, si restaurando, si saneando, miró al que se vio claramente que era el jefe. El único que no había respondido a nuestro saludo y a quién parecía incomodar nuestra presencia. Que tiene la escultura tres metros de altura y conmemora la reconquista cristiana de Silves. Hace un gesto como de, vale ya, a trabajar. Y los dejamos en el templete sin saber, que el jefe pone mala cara, si arreglan, si sanean o si trasladan. Volvemos a la furgo y nos encaminamos a Evora.

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